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viernes, 5 de diciembre de 2008

Uno pone, Dios dispone ...

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No puede uno negar que en ocasiones estos dichos están llenos de verdad, y un ejemplo fue lo que nos sucedió en los XV años de mi hija.

Sucede que ese día -aunque con las prisas características asociadas a tan importante evento- todo iba saliendo correctamente, no había ningún contratiempo que enturbiara el día, la ropa estaba a punto, las cosas que se tuvieran que llevar al salón estaban reunidas y listas para subirse a la camioneta y ser llevadas, los chambelanes iban a llegar a la casa para cambiarse, sus trajes se habían entregado dos días antes dándonos tiempo de poder solicitar uno que otro cambio necesario, el vestido de la hasta ahora ecuánime quinceañera estaba a la espera de ser usado, en pocas palabras, todo estaba viento en popa.

Todo estaba marchando bien, incluso con pequeños contratiempos como el de que para uno de los chambelanes notó que su pantalón le quedaba algo corto de la valenciana, por lo que se debió de realizar unos pequeños ajustes a éste -bajar el dobladillo y replancharlo para dejarlo marcado nuevamente-, tampoco empañó el día el que nos llegara la persona que fuera a grabar en video cuando todavía no nos encontráramos listos para salir a la foto.

Lo que si marcó el día fue al momento de salir del estudio fotográfico, cuando los muchachos esperaban a que saliera mi hija de tomarse las últimas fotos con nosotros -su mamá, su hermano y yo-, todo pasó muy rápido, estábamos saliendo del estudio cuando se escucharon varias detonaciones -un sonido como de las llamadas "brujitas" (para los que no conozcan la pirotecnia mexicana, son garbanzos cubiertos de un tipo de pólvora que últimamente han sido remplazados pos bolitas dentro de un papel de china que "truenan" al ser azotadas con fuerza en el piso o cualquier superficie dura)- por lo que los pobres chicos solo pudieron reaccionar agachándose o encendiéndose detrás de una camioneta que se encontraba estacionada junto a la foto. Una vez pasada la sorpresa del momento, nos enteramos -porque dos de los chambelanes pudieron ver cuando la sacaban por la ventanilla- de que lo que había generado el sonido de los estallidos había sido !!una pistola de gotcha!!, la cuál unos ociosos y malintencionados muchachos habían usado en contra de los chicos que estaban a nuestra espera fuera del estudio fotográfico.

Lo bueno de esto es que estos tipos -medio tontos hasta para hacer este tipo de maldades-, por su prisa por disparar, no apuntaron bien, resultando que descargaron las bolitas de pintura en la marquesina del estudio, resultando solo salpicado en su saco uno de los muchachos, el cuál quedó como nuevo una vez que se le pasó un trapito húmedo.

Desde ahí todo fue miel sobre hojuelas, la misa, la entrada al salón, la comida, la entrega del pastel, etc.

El siguiente contratiempo solo lo sufrió mi hermosa muchachita a la hora de tener que bailar ya que hasta ese momento fue cuando los nervios entraron en acción, causando que su pobre estómago respingara y le generara náuseas -las cuales calmó en un pequeño cuartito en donde encontró donde aliviar su ya apesadumbrado estómago-.

Una vez pasado este incidente, todo ahora si, marcho a pedir de boca -aún incluso con mis nervios a la hora de tener que hablar frente a todos, a las dos ocasiones en que tuve que bailar con mi 'ex' niñita y de las cuales no recordaba cuando deberían de ser por lo que casi me le pego al maestro de baile como lapa para que me indicara cuando debían ser-.

Ya para finalizar este relato solo me queda comentar que en cuanto me entreguen las fotos las subiré a este blog para compartirlas con todos los que me hacen el favor de leerlo - que sospecho que soy solo yo y mi sombra, je je je-.

lunes, 1 de diciembre de 2008

No hay fecha que no llegue ni plazo que no se cumpla

 Por fin se acerca el fin de las presiones que hemos tenido en la familia durante algún tiempo con los preparativos de la fiesta de XV años de mi hija, ya podremos respirar en paz, disfrutar de nuestros fines de semana y dejarnos de sentar cada noche a revisar cuantos boletos tenemos disponibles porque sutanito o merenganito ya no van a venir, por lo que debemos de reubicar sus boletos.

Ya podremos descansar de las carreras los fines de semana para llegar a que ensaye con los chambelanes, tener que ir de un lado de la ciudad al otro para entregar las dichosas invitaciones.

No se a quien se le ocurrió estas fiestas, las cuales soportamos los padres solo por el amor que les tenemos a muestras hijas, pero que si supieramos en los problemas y embrollos que nos vamos a meter desde antes, capaz que ni nos metíamos en ello.

Bueno, mejor dejo de escribir estas línea porque ya me están carrereando para que terminemos de arreglar los recuerdos que se le van a dar a los padrinos, espero que en el próximo post pueda describir la aventura que fue esta celebración quinceañera.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

La fiesta de XV años esta cambiando

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Por lo menos en lo que respecta a los hispanos radicados en Estados Unidos ya que según este artículo, los chambelanes -que usualmente han sido amigos o familiares de la festejada- están siendo remplazados por grupos de bailarines profesionales, algunos de ellos vestidos como cadetes.

Según este artículo, desde hace 10 años han comenzado a proliferar en las fiestas de XV años de las jovencitas de nuestro vecino país los grupos de bailarines, lo que esta haciendo que muchos padres y muchachitas se inclinen por esta opción, al ser más cómoda que entrenas a los futuros chambelanes.

Creo que si esta moda se comienza a extender también en México, estaremos viendo los últimos momentos de esta arraigada tradición, y ya no podremos ver como el hermano e incluso el 'novio' de nuestra 'niñita' disfrutan bailando en frente de todos si temor a algún regaño o llamada de atención de nuestra parte.

quince1                                     quince2

sábado, 16 de agosto de 2008

La aventura de los XV años

Para casi todas las jóvenes, un momento muy especial, sin duda alguna son su XV años, momento en que por fin pueden decir que ya dejaron de ser niñas y ya son lo suficientemente grandes según ellas para hacer y deshacer según su gusto.

Pero no todo es miel sobre hojuelas sobre este asunto para todos, y de eso los padres tienen algo que decir al respecto -y si no que les pregunten por todo el ajetreo y estrés por el que deben pasar al organizar la dichosa fiesta-, ya que con esto han llegado a salirle canas verdes a uno que otro padre.

Cuando uno piensa en hacer la famosa fiesta de XV años uno solo piensa en esta superficialmente -no se repara en la cantidad de cosas y detalles por planear y tomar en cuenta-, sin ahondar mucho, por lo que al momento no se le da gran relevancia y llega uno a pensar, "con un año de anticipación la libro", pero esto solo es una forma de posponer lo inevitable: el gran desembolso que conlleva la fiesta.

Aunque uno diga lo contrario, la triste realidad es que uno nunca estará listo al 100% para tal evento (a no ser que uno sea Donald Trump y esta proesa se la dejemos a uno de los 'aprendices'), con eso de buscar el salón que le guste a la hija (y por supuesto a la madre), el vestido que deje a las amigas con el ojo cuadrado y deseando tener uno como ese en su propia fiesta, la búsqueda de los chambelanes, los bailes que vaya a ensayar, el maestro para montar los bailes, los padrinos, la iglesia, etc.

Uno, al ser padre de una hermosa muñequita -eso siempre piensa uno casi siempre al tener una hija-, no se pone a pensar en ese momento las consecuencias que le acarreará dicho eufórico momento después de 15 años, los momentos de angustia -y en ocasiones de terror, claro esta, si uno no es un afamado locutor de radio o televisión o se dedique a lanzar discursos a diestra y siniestra todo el día- que uno pasará al tener que hablar enfrente de un grupo de gente invitada a la fiesta, sentir las miradas clavadas en uno, pendientes de lo que dirá "el padre de la quinceañera" (nada mas de pensar lo que me espera me hace sentir deseos de salir corriendo para calmar el temblor de rodillas que me ataca de solo imaginar el momento-.

Para concluir este post -que ya me esta haciendo sentir escalofríos de solo pensar en lo que se me viene- quiero hacer una sugerencia a los futuros "padres de la quinceañera", comiencen las preparativos quizás con dos a tres años de preparación -para que la parte económica no los haga desear vender un riñón, sacarse la lotería o saltar de algún puente elevado- y que aunque uno piense que se verá muy ridículo hablando ante un espejo, se ensaye un discurso, para eso de que con los nervios uno no sepa que decir al la hora de la hora.
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